Feliz Pascua de Resurrección
Queridos hermanos en Nuestro Padre Jesús Nazareno:
Después de los intensos días de celebración que hemos vivido, me dirijo a todos vosotros con el corazón rebosante de gratitud. En nombre de la Junta de Gobierno y en el mío propio, quiero expresar nuestro más sincero agradecimiento por vuestra ejemplar participación en todos los actos de esta Semana Santa, y de manera muy especial, por vuestra estación de penitencia en la tarde-noche del pasado Viernes Santo, queriendo destacar la numerosa presencia de hermanos jóvenes que constituyen una renovación total dentro de la tradición nazarena que nos identifica.
Envío un recuerdo muy especial para los hermanos más ancianos o enfermos y sus cuidadores, también para los que no pudieron venir pero los tuvimos presentes, y para quienes hicisteis posible esa manifestación de fe que fue la procesión del viernes santo especialmente las bandas de música de La Estrella y Ciudad del Tormes y la Policía Nacional que nos acompañó.
Vuestra presencia acompañando los pasos de Nuestro Padre Jesús Nazareno y del Santo Entierro, no fue solo un acto de tradición, sino un testimonio vivo de fe. Sin embargo, nuestra fe no termina en el sepulcro sellado, sino que se ilumina con la luz de la Pascua. La Resurrección nos invita a comprender nuestra misión como cofradía y como Iglesia.
Entendida así, nuestra Congregación debe seguir siendo la esencia de su tradición: una comunidad de vida intensa, no una sociedad de cansados de la vida, de angustiados, derrotados, pesimistas o aburridos. Todo lo contrario: somos una Congregación que se compromete por la vida en el amor que todo lo puede más allá del sufrimiento y de la muerte, como nos recordó nuestro párroco en la tarde de viernes santo. Este compromiso no nace de la búsqueda de una auto-satisfacción personal, sino por la satisfacción de amar a los demás. Es un impulso de vida que no brota de la autosuficiencia, sino del afecto y la entrega generosa en la línea de Jesús Nazareno. Desde esta perspectiva, debemos recordar que solo en el amor a los demás —en la entrega de la propia vida por ellos— el ser humano sana y se siente verdaderamente pleno.
Que la alegría de esta Pascua de Resurrección transforme nuestro cansancio en esperanza y nuestro pesimismo en acción caritativa. Que el ejemplo de entrega de Nuestro Padre Jesús Nazareno nos guíe para ser, durante todo el año, esa "comunidad de vida intensa" que el mundo tanto necesita.
Fraternalmente,
Antonio J. Caballo Lorenzo
Hermano mayor de la I. y V. Congregación de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Santo Entierro